ANTE CUALQUIER DUDA CONSULTE A SU ̶M̶É̶D̶I̶C̶O̶ ARQUITECTO

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ANTE CUALQUIER DUDA CONSULTE A SU MÉDICO ARQUITECTO

Por Federico Vargas Bontié

-… sos arquitecto, no?
-…si… – acepté tímido y desorientado – se nota tanto??
– …y si!… – acentuó como reprochando una obviedad.
-… peculiares, no?  Será por eso… – en tono de autocrítica, diluyendo el tema aunque con curiosidad.
– Si complicados… al menos por las experiencias que me han comentado amigos que han tenido que hacer algo grande… yo por ahora no tuve nada grande que necesitara un arquitecto.
La charla, entre padres que esperaban pagar condena de un día más de adaptación de Jardín de Infantes, siguió aleatoria y desordenadamente. Los chicos salieron y hasta luego.
 

Pero la idea me quedó aguijoneando y,  como bola de nieve, alimentándose de frasecitas recalcadas, ya casi tradicionales:

“Para qué???… si tengo un albañil que lo hace igual y más barato”
“Cuánto me cobra por dibujarme  los planos?”
“Al final, siempre es más complicado ´al cuete´ y más caro!!!
Vos que sabés, decime: hicimos ´tal cosa´ con un albañil amigo y ahora tengo ´tal tema´… cómo lo resuelvo?”
“Mi [ingrese aquí relación o  grado de parentesco de su preferencia] no es maestro mayor de obra(s) ni nada pero se hizo la casa sól@, porque ´se da maña´, y le quedó ´re-bonita´!!!”
NO SOS VOS, SOY YO
Desde este lado del mostrador y en tren de mea culpa, debemos aceptar que “ya desde que cursamos la carrera nos gusta hablar para que no se nos entienda; pensando que así, lo que decimos, es más interesante.
El filósofo Daniel Innerarity afirmaba que “los filósofos toman la realidad que todo el mundo entiende y la complican de tal forma que cuando la vuelven a contar nadie sabe de lo que están hablando”. Felíz coincidencia con algunos colegas del Tablero (mostré la hilacha,  soy “vintage”).
Cuando el arquitecto se enfrenta a un público no docto (no ducho, bah) en la disciplina ¿en qué idioma les habla? Por desgracia la tendencia es hablar “en arquitecto”[i].
Pero ¿qué entiende un potencial cliente que tiene la inocente pretensión de hacerse una casita con su galería y su pileta, cuando el arquitecto, embriagado por sus instintos, lo deleita con un lenguaje que le es totalmente ajeno? Qué pensará del arquitecto cuando éste arranque  con frases de corte endogámico tipo: “el edificio quedará fuera de escala” o el típico “así los dos volúmenes pueden entablar un diálogo de contrapuntos” o la no menos habitual “ésta es la forma de que la arquitectura arraigue y se agarre al suelo” (?)
Es de temer, que estos comentarios no harán otra cosa que hacer pensar al cliente que se encuentra ante “el artista de turno”, que manejará los ahorros de toda su vida (pasada y futura), de manera demasiado alegre e irresponsable.” [ii]
Tampoco podemos olvidamos lo que indica Miguel Jurado, “frente a las opiniones de médicos y abogados, lo que diga un arquitecto siempre es discutible, sobre todo porque no hay ningún riesgo (aunque no es tan así y ya veremos). A ningún paciente se le ocurriría pelearse con su doctor en medio de la operación, y menos que menos, con su abogado. Además, los fracasos de los arquitectos quedan a la vista de todo el mundo. El famoso estadounidense Frank Lloyd Wright decía: ´Un médico puede enterrar sus errores, un arquitecto sólo puede aconsejar a sus clientes que planten una enredadera´.
HASTA QUE LA OBRA NOS SEPARE
Jurado presenta una analogía magistral, la relación cliente-profesional es como la de una pareja. El primer momento es el noviazgo, los clientes ven al arquitecto como si fuera un mago, todo lo que hace y dice es creativo, divino, sorprendente, genial. Después (casi siempre durante la obra) es la etapa del matrimonio. Los trucos del arquitecto empiezan a mostrar los pioles, y el cliente le manotea el conejo de adentro de la galera. Ya le sacó la ficha y aunque todavía le quiere creer al “mago”, sabe que la magia la hace con su plata. Así, la buena onda se termina rápido. Después viene el divorcio: la obra se termina, o citando a un colega “se abandona oportunamente y de tácito común acuerdo” y los dos están aliviados de que así sea. De vez en cuando se produce el reencuentro, y hasta hay reconciliaciones, siempre y cuando el arquitecto siga en su papel de simpático de tiempo completo. Otro reconocido  arquitecto estadounidense, Philip Johnson, decía que los arquitectos somos como prostitutas de clase alta, podemos rechazar algunos proyectos de la manera en que ellas pueden rechazar algunos clientes, pero los dos tenemos que decir que sí a alguien de vez en cuando si queremos permanecer en el negocio. Sin embargo, yo no estoy de acuerdo, las prostitutas cobran por adelantado y a los arquitectos, muchas veces, nos cuesta demasiado cobrar por nuestros servicios mucho después de que los mismos han sido prestados. No por nada, el fallecido Mario Roberto Álvarez solía “alentar” a sus colegas diciendo:” ¿Usted quiere ganar plata con la arquitectura? ¡Olvídese!”.[iii]
MAL NECESARIO
Como el arquitecto argentino  Rodolfo Livingston resalta[iv], el  60% al 80% del volumen constructivo de un país lo representan las reformas que los propietarios realizan a sus viviendas, una o varias veces, durante su vida útil.
Esas modificaciones consisten, por lo general, en la paulatina invasión de patios, fondos y terrazas libres con nuevas construcciones que van empeorando el hábitat con el correr del tiempo: cuartos sin iluminación, largas circulaciones erradas que cruzan espacios privados, escaleras mal ubicadas y aun peligrosas, son las características más comunes. Muchas de estas viviendas son calificadas por el Estado como “buenas” considerando aspectos meramente reglamentarios y sin embargo, producen infelicidad en sus habitantes y hasta deterioran su salud. Esto no ocurre por falta de materiales o recursos económicos, sino por falta de pensamiento, más del 90% de estas reformas son consecuencia de decisiones esporádicas de los propietarios, sin plan ni asesoramiento profesional. También la gente diseña viviendas nuevas que durante el transcurso del tiempo irán creciendo tan mal como las otras. Al pariente/amigo que le quedó re-linda la casita, es posible que empiece a cambiar de parecer al poco tiempo.
Es lamentable comprobar, al visitar estas viviendas, cuántos errores se hubieran podido evitar, cuánto dinero se hubiera ahorrado, con el asesoramiento oportuno adecuado de un arquitecto.
Ya es casi un mito urbano que los arquitectos están “para cosas más grandes”. Y de hecho  durante 5.000 años fue así. Los arquitectos  sólo atendían a príncipes y Papas, para quienes construían palacios, tumbas y templos: El pueblo no los precisaba para levantar sus viviendas, siempre coherentes con el clima, los recursos y la cultural del lugar. A partir de la revolución industrial, el crecimiento de las ciudades, la amplia variedad de materiales, el desarrollo del confort y de la vivienda en altura, rompen por completo con la tradición cultural en el arte de construir viviendas.  Desde entonces, y por primera vez en la historia humana, los arquitectos son necesarios  para atender los pequeños, variados y muy numerosos requerimientos de la población, pero las facultades de arquitectura no asimilan esta nueva demanda y continúan preparando profesionales para grandes obras ejemplares.

ARQUITECTOS DE FAMILIA

El propio Livingston desarrolla su método en el cual acuña la figura del Arquitecto de Familia. Un paralelo con el médico de cabecera que antaño era consultor y confidente del grupo familiar. Al que se recurría por consejos en el más amplio espectro de su experiencia y conocimientos académicos. Hasta a veces excediéndolos. Sería beneficioso tanto para clientes como profesionales, mudar la relación de aquella comedia de “matrimonios y algo más” a este encuentro de confianza. Donde “No importa el qué, sino el cómo” según Mies van der Rohe. Donde no importa si es un garaje, un palacio o reciclar correctamente un baño (desafío menospreciado y traicionero), el tema es que lo hagamos bien.
Porque pensar es lo más barato del mundo. Pero no hacerlo es impagable.

 

 


 

ARQUITEXTONICA – http://arquitextonica.net/
EL LENGUAJE DE LOS ARQUITECTOS – Stepienybarno – La Ciudad Viva – http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=17076
TODOS QUIEREN SER ARQUITECTOS – Miguel Jurado – mjurado@clarin.com – http://arq.clarin.com/urbano/quieren-arquitectos_0_793720721.html

ARQUITECTOS DE FAMILIA: El Método  – Rodolfo Livingston – Buenos Aires: Nobuko, 2006.

 
 
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